Historias de un Chaman (Parte 6: Los Martires)

Martines de León GuanajuatoYa llevaba 8 meses de constantes viajes internos a mi adolescencia, llegada la noche y conforme cerraba los ojos iniciaban mis ejercicios sobre control de Sueños y por ende el Renacimiento.

La situación de Querétaro continuaba inestable así que concluyeron mi contrato laboral y me dieron un plazo 30 días para entregar mi puesto (¿A quien? A nadie, ya que no se contrataría personal por la quiebra de la compañía) sería un tiempo razonable para encontrar otra opción de empleo.

Era aproximadamente las 1:30pm y estaba listo para salir a comer, me preparaba para ello pero continuaba con la ardua labor de entregar aunque archivar, ordenar, y guardar documentación era ahora mi actividad, esto no me generaba stress y descontento.

Al levantar unas cajas de archivo muerto escuche una fuerte explosión que cimbro la oficina y de pronto una fuerte nube de humo lleno el patio de las instalaciones.

Yo me encontraba confundido y con los oídos aturdidos por el sonido, todo me daba vueltas. A los poco minutos estaba tirado junto al baño, lleno de polvo y con hojas volando por todos lados.

Aunque no volvieron las explosiones, el ruido de armas de fuego y gritos comenzaron a escuchar de pronto, el sonido de una tanqueta comenzó a retumbar por la calle y se acercaba cada vez más a lo que era mi ventana que daba a la calle.

En ese momento escuche que se detuvo y unos engranes comenzaron a moverse, así que entendí que se dirigía a mi ventana y corrí hacia al patio tratando de huir a lo que pocos segundos vino otra fuerte explosión y comprobé que fue un ataque directo a mi oficina.

Era el ejército que atacaba el lugar pensando que el ERB se encontraba dentro de nuestras instalaciones; como dice la gente: -Era un campo de batalla-. Todos mis compañeros estaban refugiados debajo de sus escritorios y nos mirábamos a los ojos pero nadie decía o gritaba algo.

En ese momento tome la decisión de perderme, tenía que salvar mi vida y de alguna manera estaba dispuesto a utilizar cualquier recurso para hacerlo. Así que cerré los ojos y me deje llevar.

En un abrir y cerrar de ojos estaba parado a mitad de una calle con un total desconcierto, no sabia donde y cuando estaba. Como mi entrenamiento lo decía: mire mis manos que sostenía un cajón de bolero, mire también a mi alrededor para ubicar mi espectro era de una persona y no un ente volando, sensibilicé todos mis sentidos perfectamente inclusive el arácnido porque de inmediato brinque hacia la banqueta antes de ser arroyado por un chico que jugaba con su bicicleta y realizaba acrobacias con ella al manejar sin manos.

No se de donde vinieron las palabras a mi boca pero grite fuerte: –¡Que pasa Chato!, por poco me llevas de corbata…- a lo que el chico de casi 15 años volteo a verme y me entregó una gran sonrisa.

Me encamine hacia donde había entrada este chico cargando mi cajón de bolero y al pasar por las ventanas mire mi reflejo en ellas y me di cuenta que estaba dentro del cuerpo de otra persona, un adulto de aproximadamente 50 años, de tez morena y rasgos marcados.

-¡Que tal Chango! Ya vas a dar bola al centro, ahorita aprovecha que va haber mucha gente- Mi nombre era Agustín Carmona apodado el Chango, bolero de profesión.

Mire entonces a detalle la calle que estaba siendo terminada de pavimentar y poco a poco me fui familiarizando con ella hasta darme cuenta que estaba en la misma calle Gardenia y estaba entrando a la casa de mi abuela.

Al ver ese zaguán lleno de macetas y ver hacia el fondo una gran cocina, mire como en el patio central bajo el árbol de limón había un par de niños jugando en el piso.

Los niños al verme desde la puerta me gritaron: -¡Pásale Chango! que vamos a iniciar el partido…- Recorrí el zaguán donde trinaban unos canarios y el graznido de un perico me hizo generar una sonrisa ya que sabía que ese animal era muy hablador y viguero. Al llegar con ellos deje el cajón y observe como habían pintado a detalle y con gis una pequeña cancha de futbol en el piso, donde las porterías estaban hechas con los filos de metal que daban forma a los calendarios, velas alrededor que simulaban el alumbrado y los jugadores corcho latas. Al centro de la cancha un Ponche de color azul seria el balón para jugar.

Sus rostros me eran tan peculiares y conocidos que la familiaridad en sus palabras y entonación hizo que cayeran de sentón cuando uno de ellos dijo: -Sacas tú primero Gus- ¡UFF! solo de recordar se me enchina la piel. Pues los niños que estaban jugando era mi padre y mi tío Dr. Héctor Rojas Padilla.

Entró por ese mismo Zaguán un hombre de casi 50 años, era mi abuelo Reynaldo que llegó gritando: -¡Lupe!, ¡Lupe! ¿Donde andas mujer?- En lo que Lupe (mi abuela salía gritando) Mi abuelo Reynaldo volteo a verme y me saludo – ¿Como estás Agustín? ¿Ya vas al centro a trabajar, a dar grasa?, ahorita hay un argüende bárbaro, están los sinarquistas de Carlos Obregón armando un alboroto fuera de presidencia municipal, ya quemaron una palmera, traen paseando y cargando un caja de muerto y todo un gran relajo con gritos y protestas-

Doña Lupe mi abuela salio al patio y preguntó –¿Que ocurre Reynaldo, porque estás tan temprano en casa, ya cerraste el billar?-  -Si mujer, el billar está muerto ya que nadie entra; ahorita te platico, por lo pronto arréglate y arregla a los niños que vamos a la plaza a ver lo que está ocurriendo- Dijo mi abuelo.

Mi abuela se apresuro por arreglarse e ir por las niñas Teresa y Celina, mientras que mi abuelo preguntaba a Gustavo y Héctor deseaban ir Tanto mi padre  como mi tío Héctor se negaron pues iniciaba su partida de futbol. Tome mi cajón y me despedí de mi abuelo, aunque yo lo llame por Don Reynaldo me dirigí hacia el centro, tome por la calle Álvaro Obregón y vire hacia la derecha pasando por la esquina del templo Inmaculado, entrando entonces por la calle que daba a los baños Colón y actualmente es el la salida del estacionamiento subterraneo de la zona peatonal.

Martines de León Guanajuato

Ya al entrar por las calles del centro escuché el clamor de la gente que vitoreaba al unísono de un orador que gritaba consignas hacia un palacio municipal cerrado herméticamente. No encontré a nadie conocido y sinceramente estaba completamente enfocado y concentrado en lo que ocurría en la plaza. Era interesante para mí ver como vestía la gente, los automóviles de la época y mi plaza no era todavía peatonal sino que accedían coches que daban vueltas a la plancha central. Lo que si me genero un poco de risa es que ya en ese entonces los árboles era podados como hongos, que siempre ha sido toda la vida en la ciudad de León.

Las horas transcurrían y comenzaba a oscurecer, las lámparas de la plaza se encendían y la gente continuaba con los gritos y las protestas. Casi a las 9pm mientras la muchedumbre se conglomeraba y los locales iban siendo cerrados ocurrió lo inesperado. En las azoteas de la presidencia comenzaron a verse individuos que sin espera de nada comenzar a disparar ráfagas y a balear a la gente. Yo corrí hacia la calle Madero pero observe como la gente regresaba corriendo ya que los soldados habían sitiado la plaza.Inclusive a esa hora había gente que comenzaba a salir de la función de cine y sin saber ni ser participes de las protestas fueron acribillados cruelmente.

Entonces ahora me dirigí hacia el centro de la plaza, no recuerdo ni siquiera donde había olvidado mi cajón. Solo mi atención estaba en huir y salvar mi vida de nuevo, y en mi huida  veía como la gente caía a mi lado, otros tirados ensangrentados, zapatos de mujeres y niños en el piso, cuerpos de personas que eran pisoteados por la muchedumbre que corría despavorida,  sangre mucha sangre sobre el Kiosco escurría. Aprovecha la idea de que algunas personas comenzaban a subirse en los árboles y esconderse a lo que yo no dude y subí alguno que ya estaba ocupado por algunos más.

Veía entre las hojas como los soldados seguían hacia las calles que conectaba a la plaza y tiraban a diestra y siniestra sobre la multitud. Escuche que comenzaron a gritar los soldados, -¡En los árboles andan estos cabrones!- y comenzaron a disparar a las copas de los árboles. Un señor fue alcanzado por una o dos balas y cayó encima de mi, caímos como hojas de otoño sobre la base de la jardinera hecha de cantera. Comencé a sentir un calor tenue sobre mi cabeza y rostro, era la sangre del hombre que escurría sobre mi cara y cuerpo. Conforme vía como los soldados disparaban a sangre fría, el miedo me gano y quede inmovilizado en el piso debajo del cadáver de ésta persona.

La madrugada llego y me mantenía escondido bajo el cuerpo inerte y frío del cadáver, y eran esporádicos los estallidos de armas y el grito de dolor de las personas. Ya cuando el frío de la madrugada se sentía fuertemente mire de reojo como la cruz roja entraba bajo un resguardo y control completo de la situación por el ejército. Los de rojo y blanco entraron al poco apoyo de los heridos que todavía con vida agonizaban sobre la plancha y alrededores de la plaza. Ya al amanecer con el rocío de la mañana comenzaron a entrar camiones y tolvas, entre macheteros y soldados comenzaron a subir los cuerpos hacinándolos en dichos camiones.

Antes de subir los cuerpos revisaban y hurtaban entre sus ropas  pertenencias de valor, tomando un botín de relojes, anillos, cadenas, esclavas y carteras de los muertos. Después eran arrojados sobre los camiones formando entonces una barricada de cuerpos. A mi me tomaron entre dos hombres que cayados y serios en su mirada; no hacían por revisar si los cuerpos estaba con vida o muertos. Creyeron que al verme ensangrentado y fingiendo con los ojos cerrados era una victima mas de esa masacre realizada.

El olor a hediondez y pudedumbre era insoportable, pero necesitaba alejarme del lugar para lograr salir ileso de la situación. Conforme veía como era repleto dicho camión, mi posición quedo casi en lo alto del hacinamiento de cuerpos, por lo que al arrancar el camión con rumbo a la salida a San Francisco del Rincón me fui liberando de piernas y brazos que me mantenía apretujado sobre dicho camión. Al salir a carretera muy cerca de la plaza de toros brinque del camión sobre unos arbustos y me escondí en una zanja que estaba para riego de un barbecho cercano.

No se habían dado cuenta que alguien había escapado del camión, y del agua helada que salía de esa zanja de riego lavé mi rostro y brazos de la sangre manchaba todo mi cuerpo. Camine un rato por la carretera cuando llegue cercano a una parada de camión, allí con los pocos centavos que traía en la bolsa resultado de alguna boleada que di la tarde anterior tome el primer autobús huajolotero que iba al centro. Me senté en el asiento que coincidía con la llanta trasera del camión, a lado mío iba un señor leyendo el periódico y mire la fecha, era el 3 de Enero de 1946. El sueño y el cansancio comenzó a ganarme y comencé a dormitar.

En ese cabeceo desperté de nuevo y estaba habitación de hospital del IMSS de la ciudad de Querétaro horas después del ataque, con algunos raspones y un fuerte dolor de cabeza. Entro Emilio, un compañero de trabajo en y me pregunto como estaba, a lo que solo moví mi mano. -Tardamos tiempo en encontrarte, no sabemos como carajos terminaste dentro de la cisterna al otro lado de las oficinas, el tercer cañonazo fue muy cerca donde te refugiabas. Pensé que te había dado directo la tanqueta- Comentó Emilio.

A lo que solo levante los hombros como signo de incredulidad y caí en un sueño profundo.

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wichosaenz

Cinefilo y amante del buen Blues, armoniquista frustado más sucio que Junnior Wells. Pago mi renta con un poco de blues, ¿alcanzará para las entradas al cine?

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