Historias de un Chaman ( Parte 7: Doña Chepa )

Aldama GuanajuatoUn sábado por la mañana decidí desviar mi ruta por la carretera, bajando la gran S veía el señalamiento hacia Aldama y era tentador regresar aquel lugar por el cual visité en varias ocasiones cuando era niño. También era esbozar una sonrisa al recordar las bromas de mi tío Raúl que el puente de la carretera había sido construido por Paty porque fue postulada como presidente municipal de ese pueblo en aquel entonces.

Baje por la vereda, ver la copula de la iglesia a medio terminar y esperar el paso para cruzar el único puente que existe para acceder al pueblo mi recuerdos eran cada vez mas claros.

Ese río que todavía mantenía un pequeño riachuelo verdoso que corría por medio del pueblo, al cual muchas ocasiones bajamos a refrescarnos y a nadar cuando eramos unos pequeños, o bien agarrar tortugas o sapos que nadaban por ahí. En ese pueblito vivía Doña Tere y Don Severo, o Don Cheve como lo conocían todos por la zona, su huerta era grandiosa llena de todo tipo de frutas en especial un limonero que para nosotros cortar los jugosos limones del tamaño de una mandarina, con un salerito y chile piquín consistía nuestra droga de todas la tardes. Contaba con gallinas, patos, vacas y recuerdo que había comprado una yegua bronca que los muchachos la sacaban para domarla. Había uno que otro primo despistado que buscaba siempre un pequeño espacio en la huerta para formar un campito y jugar futbol, pero para mi era una gran huerta con tantas posibilidades de diversión como para perdernos entre juegos y aventura. Algo muy común al acceder al lugar fue cuidarnos de los pozos que existían en esa gran área, eramos niños y no entendíamos porque había cantidad de ellos pero, después entendí que lo que se buscaba no era agua sino “tesoros”. Las historias que contaba Doña Tere acerca de que había tesoros enterrados fue la conversación de siempre cuando preparaban la comida. Ella tenia una ceguera parcial víctima de su diabetes, así que solo luz y sombras podía reconocer su vista. Pero eso no le impedía sentir que alguien se encontraba cerca de ella en la misma habitación. Solo tengo recuerdos bellos, inclusive recordé a la niña de la cual estaba enamorado estando muy pequeño: Katy nieta de Doña Tere y que solo venia los veranos cuando viajaba de la ciudad de Los Angeles California. Tal vez lo único que si tengo de recuerdo extraño, fue cuando todos los primos estábamos en una recamara jugando cartas y una prima estaba en la cama de a lado leyendo una revista ERES. Los gritos y risas se hacían escuchar en la habitación contigua donde todos los tíos y tías platicaban mientras preparaban la comida. De pronto mi prima se levanto con un tono de piel blanca, sollozando y buscando a su papá. Al encontrarlo lo abrazó con todas sus fuerzas y soltó el llanto con mezcla de susto. Todos le preguntaban que había sucedido, mientras que nosotros corrimos a seguirla y preguntamos lo mismo. Ya después de varios minutos ella comento que sintió que alguien se había subido encima de ella, y que sintió un peso inmenso sobre su cuerpo que no le permitía moverse y gritar. Y nos miraba para pedir ayuda pero nadie hacia casi a sus gritos internos. Doña Tere se levantó furiosa y comenzó a gritar groserías al aire, el causante de dicha acción había sido un fantasma que rondaba y vivía en la propiedad, y quien le decía a la pareja donde buscar dichos tesoros. Pero en esta ocasión había molestado a alguien preciado, a su sobrina que no tenia razón de haber sido atacada de esa manera. La señora mando a la muchacha de la casa a buscar a Doña Chepa, un tipo de curandera del pueblo. Y no tardó muchos minutos en entrar a la casa acompañada de la muchacha. La señora busco a la niña para conocerla y saber a detalle que había pasado, pero mis tíos se mostraron renuentes a que fuera participe de cualquier tipo de curandera y superchería. La mujer alegaba que vio salir de la casa dos hombres y habían subido en un coche negro y se dirigieron veloz hacia la carretera. Así quería conocer quienes eran y si fueron ellos los responsables. En el sahuan estuvieron siempre algunos tíos y Don Cheve quienes aseguraron no haber visto coche alguno y mucho menos entrara o saliera alguien.

Esos fueron los recuerdos vinieron a mi mente mientras esperaba el paso por el puente. Al llegar a la plaza me perdí, ya no recordaba hacia donde ir, hacia donde quedaba dicha casa con la hermosa huerta. Rodee la plaza y entre entre callejuelas mientras que mi coche libraba hoyos y topes vi la imagen de una persona que me hacía señas indicando donde estacionarme.

Y allí estaba de nuevo, con la sonrisa de siempre de cada encuentro; así es, era el Hermano Gaeta esperándome para entrar en la casa que prácticamente había encontrado por mí.

-¿Porque carajos siempre te ibas de paso al pasar por la carretera y ver el pueblo? Tantas veces estuve esperando y ahora tu condenada hambre hizo que vinieras a caer aquí.– (Previamente me había parado a comer unas gorditas de maíz quebrado que encontré antes de pasar por la plaza). No tenía excusas, simplemente la sorpresa me mantenía a la expectativa sobre que sucedería en esta ocasión.

Entramos a la casa y se encontraba intacta, como en mis recuerdos de niñez. Pero en esta ocasión estaba vacía, solo uno que otro mueble se podía encontrar. Inclusive las camas estaban en el mismo lugar y posición aunque solo quedaban las bases y su colchón pelón. Venimos a arreglar una paradoja, una que dejamos abierta hace muchos años tu y yo en un sueño. Hubo alguien que después de irnos dejo acciones abiertas y necesita una lección en haber entrado a nuestros sueños sin el permiso. Como siempre, no entendía ni una palabra pero con el tiempo ya había dominado el arte de no lucir como estúpido y aprender ser mas discreto con mis reacciones de “What?”.

Pasamos de largo las habitaciones y nos dirigimos a la huerta; uno a uno fuimos encontrando los pozos y a todos el hermano me obligaba a bajar pero nunca me decía que debía buscar, solo al verme al fondo me decía: -No, en este no. Sube seguiremos buscando…- Mientras yo me daba cuenta que lo único que encontraba era cada vez mas lodo y tierra ensuciando mi ropa.

Casi al medio día escuchamos volar una parvada de pájaros hacia el límite de la huerta muy pegado al río y había un gran pájaro blanco sobre las copas de los arboles, al principio pensé que era una gran garza pero después me di cuenta que era una mujer parada o mas bien levitando en lo alto y mirando hacia nosotros.

Dio unos grandes saltos como de 100 metros y llegaron hasta donde se encontraba la casa, corrimos entre los arboles para regresar y en menos de 5 minutos ya estábamos entrando al patio. No podía creerlo, la casa estaba llena de vida de nuevo y mucha gente dentro de ella como en una comida o reunión familiar.

Lo divertido (y es que ahora con tantas experiencias ya así lo vivo) es que toda esa gente no podían vernos, nos quedamos a medio patio buscando a la mujer, en un abrir y cerrar de ojos vimos como nos brinco y entro en una de las habitaciones. Allí tenia amagada sobre una de las camas a una niña, a quien tapaba la boca y nos hacia señas de que lastimaría si nos acercamos.

-¡Pinche vieja hija de la chingada!– Grito el Hermano, mientras corría a liberar a la niña, la mujer cayo en la esquina de la habitación con el empujón que le propino él. Mientras tanto yo estaba en la puerta cuidando a que no escapara. La muer se sintió acorralada y como la imagen de una mosca camino sobre cuatro extremidades, subió la pared y el techo hasta llegar a la ventana contigua y salio volando.

En eso la niña corrió llorando de la habitación y por esa misma puerta que salio vimos entrar a Doña Tere. Mi ojos no daban fe de lo que estaba viendo dado que ella había muerto muchos años atrás, pero ahora su ceguera no existía y nos miró tiernamente.

-Gracias, muchas gracias ahora mi sobrina podrá dormir a gusto. Y esas pesadillas que tiene todavía aún siendo ya una mujer y mamá de dos niños se irán en este momento.- -Pero váyanse, corran ya que Chepa va a regresar fortalecida y no dejara tan fácil que huyan sin antes vengarse. Si logran pasar el río estarán libres, dado que Chepa nunca se atrevió salir de este pueblo y no conoce que hay mas allá.-

Salimos corriendo por el sahuan y abordamos mi auto Jetta Negro G4, arranque si dudas aunque sabia que la suspensión del coche quedaría hecho trizas por los hoyos y topes. En cuanto di vuelta a la calle vi la plaza pero sabia que faltaba un tramo por llegar, y escuchamos como el toldo del coche se golpeaba fuerte mente. Estaba asustado y veía como el Hermano Gaeta se reía y subía el volumen de mi stereo con música de El Gran Silencio.Pude ver el puente y a lo lejos un camión se aproximaba pudiendo ganar el paso, no era escena de película así que alcance a pasar gracias a que el camión se detuvo antes para bajar gente. Al llegar a la carretera los golpes cesaron y pudimos ver el señalamiento que indicaba hacia León Guanajuato.

El Hermano Gaeta hizo la señal de que me detuviera y bajo, me miro y se despidió mientras una camioneta se paraba para que él la abordara y tomara rumbo a Irapuato creo yo.

Esa fue mi experiencia que viví un sábado que decidí bajar a Aldama a comer gorditas de maíz quebrado.

Tags: , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Trackback from your site.

wichosaenz

Cinefilo y amante del buen Blues, armoniquista frustado más sucio que Junnior Wells. Pago mi renta con un poco de blues, ¿alcanzará para las entradas al cine?

Leave a comment

Guardar mi nombre, correo electrónico y sitio web en este navegador para la próxima vez que haga un comentario.